Biblioteca Marista “San José”. León

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Rincón de los poetas

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Este espacio servirá para todos aquellos que tienen alma de poeta y quieran compartir sus poesías favoritas con todos nosotros.

Empezamos con el estribillo de la canción del lema de este año en el colegio: “Donde te lleve el corazón… de Champagnat”

       DONDE EL CORAZÓN TE LLEVE ALLÍ TIENES TÚ QUE IR,

       PORQUE HAY MÁS DE MIL RAZONES PARA SER FELIZ.

          DONDE TE LLEVE EL CORAZÓN ALLÍ TÚ ME ENCONTRARÁS,

           COMPARTIENDO EL CORAZÓN DE CHAMPAGNAT.

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Éstas son las aportaciones que se han hecho a este rincón:

- “Veinte poemas de amor y una canción desesperada“, de Pablo Neruda

- “En la imponente nave del templo bizantino“, de G.A. Bécquerpoesia-2.jpg

- “Canción del pirata“, de José de Espronceda

- “Estar“, de José Luis Puerto

-”Última poesía“, de A.O.R.

6 comentarios a “Rincón de los poetas”

  1. Tania Dice:

    Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
    Escribir, por ejemplo: ” La noche está estrellada,
    y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”.
    El viento de la noche gira en el cielo y canta.
    Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
    Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
    En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
    La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
    Ella me quiso, a veces yo también la quería.
    Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
    Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
    Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
    Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
    Y el verso cae al alma como pasto el rocío.
    Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
    La noche está estrellada y ella no está conmigo.
    Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
    Mi alma no se contenta con haberla perdido.
    Como para acercarla mi mirada la busca.
    Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
    La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
    Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
    Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
    Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
    De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
    Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
    Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
    Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
    Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
    mi alma no se contenta con haberla perdido.
    Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
    y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

    Pablo Neruda: “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”

  2. silarien 4º A Dice:

    En la imponente nave
    del templo bizantino,
    vi la gótica tumba a la indecisa
    luz que temblaba en los pintados vidrios.
    Las manos sobre el pecho,
    y en las manos un libro,
    una mujer hermosa reposaba
    sobre la urna, del cincel prodigio.
    Del cuerpo abandonado
    al dulce peso hundido,
    cual si de blanda pluma y raso fuera,
    se plegaba su lecho de granito.
    De la sonrisa última
    el resplandor divino
    guardaba el rostro, como el cielo guarda
    del sol que muere el rayo fugitivo.
    Del cabezal de piedra
    sentados en el filo,
    dos ángeles, el dedo sobre el labio,
    imponían silencio en el recinto.
    No parecía muerta;
    de los arcos macizos
    parecía dormir en la penumbra
    y que en sueños veía el paraíso.
    Me acerqué de la nave
    al ángulo sombrío,
    con el callado paso que llegamos
    junto a la cuna donde duerme un niño.
    La contemplé un momento,
    y aquel resplandor tibio,
    aquel lecho de piedra que ofrecía
    próximo al muro otro lugar vacío,
    en el alma avivaron
    la sed de lo infinito,
    el ansia de esa vida de la muerte,
    para la que un instante son los siglos………………………………
    Cansado del combate
    en que luchando vivo,
    alguna vez me acuerdo con envidia
    de aquel rincón oscuro y escondido.
    De aquella muda y pálida
    mujer me acuerdo y digo:
    —¡Oh, qué amor tan callado, el de la muerte!
    ¡Qué sueño el del sepulcro, tan tranquilo!

    Gustavo A. Bécquer

  3. verguasermon 4º A Dice:

    LA CANCION DEL PIRATA
    Con diez cañones por banda,
    viento en popa a toda vela,
    no corta el mar, sino vuela,
    un velero bergantín;
    bajel pirata que llaman
    por su bravura el Temido
    en todo el mar conocido
    del uno al otro confín.
    La luna en el mar riela,
    en la lona gime el viento
    y alza en blando movimiento
    olas de plata y azul;
    y ve el capitán pirata,
    cantando alegre en la popa,
    Asia a un lado, al otro Europa,
    Y allá a su frente Estambul:
    -Navega, velero mío,
    sin temor
    que ni enemigo navío,
    ni tormenta, ni bonanza
    tu rumbo a torcer alcanza,
    ni a sujetar tu valor.
    Veinte presas
    hemos hecho
    a despecho
    del inglés
    y han rendido
    sus pendones
    cien naciones
    a mis pies.
    Que es mi barco mi tesoro,
    que es mi Dios la libertad;
    mi ley, la fuerza y el viento;
    mi única patria, la mar.
    Allá muevan feroz guerra
    ciegos reyes
    por un palmo más de tierra,
    que yo tengo aquí por mío
    cuanto abarca el mar bravío
    a quien nadie impuso leyes.
    Y no hay playa
    sea cualquiera,
    ni bandera
    de esplendor,
    que no sienta
    mi derecho
    y dé pecho
    a mi valor
    Que es mi barco mi tesoro,
    que es mi Dios la libertad;
    mi ley, la fuerza y el viento;
    mi única patria, la mar.
    A la voz de ¡barco viene!,
    es de ver
    cómo vira y se previene
    a todo trapo a escapar:
    que yo soy el rey del mar
    y mi furia es de temer.
    En las presas
    yo divido
    lo cogido
    por igual:
    sólo quiero
    por riqueza
    la belleza
    sin rival.
    Que es mi barco mi tesoro,
    que es mi Dios la libertad;
    mi ley, la fuerza y el viento;
    mi única patria, la mar.
    ¡Sentenciado estoy a muerte!
    Yo me río:
    no me abandone la suerte,
    y al mismo que me condena
    colgaré de alguna antena
    quizá en su propio navío.
    Y si caigo,
    ¿qué es la vida?
    Por perdida
    ya la di
    cuando el yugo
    del esclavo
    como un bravo sacudí.
    Que es mi barco mi tesoro,
    que es mi Dios la libertad;
    mi ley, la fuerza y el viento;
    mi única patria, la mar.
    Son mi música mejor
    aquilones,
    el estrépito y temblor
    de los cables sacudidos
    del negro mar los bramidos
    y el rugir de mis cañones.
    Y del trueno
    al son violento,
    y del viento,
    al rebramar,
    yo me duermo
    sosegado,
    arrullado
    por el mar.
    Que es mi barco mi tesoro,
    que es mi Dios la libertad;
    mi ley, la fuerza y el viento;
    mi única patria, la mar

    José de Espronceda

  4. Loly Castañón Dice:

    Estar
    Estar
    En la armonía de quien nada pide
    Sino sólo el lugar
    Para su plenitud.
    Estar en comunión con lo pequeño,
    Con lo que pasa desapercibido;
    Con los seres humildes
    Que otra huella no dejan que la del sufrimiento.
    Estar
    ¿Y qué es la vida
    Sino esta travesía por un espacio hermoso
    Que no nos pertenece?
    Estar.
    Dame tus manos,
    Acoge mi dolor en tus estancias,
    En la urdimbre más pura de tu ser.
    Estar
    En la estela del tiempo
    Que nos despoja de lo amado,
    Que nos lleva hasta el límite,
    Hasta el umbral de sombra
    Que una vez traspasado nos devuelve al misterio.
    Estar
    Despojado, ligero,
    En la desposesión, pues nada es necesario
    En esta travesía, en la estela del tiempo.
    Estar y no pedir
    Sino ser algún día
    Lo que hemos amado.
    José Luis Puerto

  5. Tania Dice:

    ¿Por qué me pides que te haga
    una última poesía?

    No sabes, que el recuerdo de tu mirada
    de mi mente lanza una palabra,
    que con la siguiente rima,
    en un bonito vals, al compás
    de ese tic, tac….. mana
    igual que esa sonrisa que asoma
    del sabor imaginario de tu boca.
    Si quieres que se muera,
    apuñálala con tu daga,
    que yo no puedo terminar
    con lo que de mis entrañas
    a borbotones, no ha dejado de brotar

    A.O.R.

  6. tanthalas 3º ESO A Dice:

    Cántico del Dragón
    Escuchad la canción de los sabios,
    descendiendo del cielo cual lluvia de lágrimas,
    purificando los años,
    tañendo el Cántico de la Gran Leyenda de la Dragonlance.
    Anterior al recuerdo o la palabra, hace muchos, muchos años,
    en los primeros albores de la vida,
    cuando las tres lunas ascendían sobre el regazo del bosque,
    los inmensos y terroríficos dragones
    sobrevolaban los cielos de Krynn.
    De la Oscuridad de los dragones,
    gracias a nuestros ruegos de Luz,
    en la vacía superficie de la pálida luna negra
    una Luz naciente brilló en Solamnia,
    un poderoso caballero invocó a los verdaderos dioses
    y forjó la poderosa Dragonlance,
    atravesando el alma de los dragones,
    apartando de las relucientes costas de Krynn
    la sombra de sus alas
    Así Huma, Caballero de Solamnia,
    Portador de Luz, Primer Lancero,
    siguió su Luz hasta el pié de las Montañas Khalkhist,
    hasta los pies de piedra de los dioses,
    hasta el agazapado silencio del templo.
    Invocando a los forjadores de la Dragonlance,
    tomó su indecible poder para aplastar al horroroso Mal,
    haciendo que la graganta del dragón
    engulliese la envolvente oscuridad.
    Paladine, el gran Dios del Bien,
    brilló al lado de Huma,
    reforzando la lanza de su brazo derecho,
    y Huma, resplandenciente bajo miles de lunas,
    expulsó a la Reina de la Oscuridad,
    expulsó al enjambre de sus ululantes huestes
    devolviéndolos al reino sin sentido de la muerte,
    donde sus maldiciones cayeron sobre un vacío absoluto,
    lejos de aquella tierra iluminada.
    Así acabó la Era de los Sueños,
    y comenzó la Era del Poder.
    En el Este apareció Istar, reino de luz y verdad,
    donde minaretes de blanco y oro,
    elevándose al cielo y a la gloria del cielo,
    anunciaron el final del Mal.
    E Istar, acunando y cantando a los largos veranos del Bien,
    brilló como un meteoro
    en los blancos cielos de lo verdadero.
    Pero en la plenitud de la luz del sol
    el rey de Istar vió sombras:
    en la oscuridad vió que los árboles tenían dagas,
    los riachuelos se oscurecían y espesaban bajo la silenciosa luna.
    Buscó libros en los que hallar los senderos de Huma,
    buscó pergaminos, señales y encantamientos
    para que también él pudiera invocar a los dioses,
    encontrar apoyo para sus fines,
    y desterrar, así, el Mal del mundo.
    Los dioses abandonaron el mundo
    y llegó la hora de la Oscuridad y la muerte.
    Una montaña de fuego asoló Istar
    y la ciudad explotó como un esqueleto en llamas.
    De fértiles valles nacieron montañas,
    los mares se filtraron en las grietas de las montañas;
    sobre los mares abandonados suspiraron los desiertos,
    los amplios caminos de Krynn estallaron,
    convirtiéndose en senderos de muertos.
    Entonces comenzó la Era de la Desesperación.
    Los caminos se mezclaron.
    Vientos y tormentas de arena visitaron las ciudades.
    Llanuras y montañas se convirtieron en nuestros hogares.
    Cuando los antiguos dioses perdieron su poder
    gritamos hacia el cielo vacío,
    hacia el frío y desmembrado gris,
    a los oidos de los nuevos dioses.
    Pero el cielo está sereno, silencioso, quieto.
    Y aún tenemos que escuchar su respuesta.
    Al fin llegaron al este,
    a la ciudad sumergida y malograda tras perder su luz azul,
    los Héroes, los compañeros de la posada,
    herederos de su culpa.
    Salieron de túneles y de frondosos bosques,
    de las bajas llanuras, de las cabañas de los valles,
    de las granjas azotadas por los Señores de la Guerra
    y las Tinieblas.
    Servían a la Luz, a las llamas cubiertas
    de la curación y la gracia
    Desde tantos lugares, perseguidos por huestes enemigas,
    por legiones frías y fúlgidas,
    arribaron portando la Vara a la demolida ciudad,
    donde, bajo la maleza y los trinos de los pájaros,
    bajo el vallenwood, bajo la eternidad y la revuelta negrura,
    se abrió en la penumbra un pozo
    que invocó a la fuente de la Luz,
    que atrajo esa Luz a la esencia de sí misma,
    a la plenitud de su fulgor divino.

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